14 diciembre 2010

Francis Albert Sinatra & Antônio Carlos Jobim | Perfect Duets!

Francis Albert Sinatra / 12 Diciembre 1915 - 14 Mayo 1998
Antônio Carlos Jobim / 25 Enero 1927 - 08 Diciembre 1994


Era Diciembre del año 1966, y si en aquella época, alguien descolgase el teléfono, y al otro lado de la línea, a más de 10.000 Kms de distancia, estuviese Frank Sinatra, seguro que esto hubiera sido motivo lo suficientemente importante para contener la respiración, mientras que el corazón del interlocutor se iría acelerando latiendo a revoluciones de Ferrari.

Como se puede explicar al hombre de hoy, lo que aquello significaba?
No hay equivalentes en el "show business" actual. Ninguno de los Mega-Stars pos-Sinatra, ha conseguido acumular el mismo volumen de poder, prestigio, glamour e inaccesibilidad, al mismo tiempo.
Muchos de los ídolos de hoy, pueden tener alguna de éstas características, pero las cuatro juntas y en tal cantidad..., sólo The Beatles pueden haber sido algo parecido a lo que estamos hablando.

Desde 1964, el Rancho Mirage, la fortaleza de Sinatra en medio del desierto en Palm Spring, ya emitía señales de que "La Voz", quería grabar las canciones del brasileño Antônio Carlos Jobim.
Pero con Sinatra las cosas suceden solamente cuando él está convencido de que es ahora el momento exacto de que sucedan.

Al igual que otros cantantes, él estaba buscando un nuevo tipo de material, y la Bossa Nova tenía la calidad, sofisticación y atracción comercial más de la necesaria.
Y para Sinatra, la Bossa Nova era Tom Jobim.

Ray Gilbert pasó el teléfono a Sinatra, y éste dijo directamente a Jobim: “Quiero hacer un disco contigo, y quisiera saber si te gusta la idea.”
Tom dijo: “It´s an honor”, I´d love to”.

Sinatra mencionó al alemán Claus Ogerman para la dirección y arreglos del disco, a lo que Tom accedió enseguida.
Tom sugirió un batería brasileño. Sinatra dijo sí.
Sinatra le preguntó si podía viajar inmediatamente a Los Ángeles, para comenzar a trabajar con Ogerman. (Lo que significaba que las canciones habían sido ya elegidas).
"La Voz", dio su última orientación: “No tengo tiempo de aprender canciones nuevas y detesto ensayar, vamos a grabar las más conocidas. Los standars más clásicos”.

La grabación fue marcada para finales de Enero, y con esto, los dos se despidieron y cada cual cogió su avión: Tom, para los Ángeles, y Sinatra para Las Barbados. (Un poco para preparar su voz, y otro tanto para intentar recuperarse de la tremenda crisis matrimonial con Mia Farrow. Este matrimonio ya estaba virtualmente roto en aquel momento).

Por otro lado, Antônio Carlos Jobim, una vez pasada la euforia inicial de soñar con la posibilidad de que su música fuera a ser interpretada por el dios de su generación, bajó a la terrible realidad: Era el ahora o nunca de su carrera.
Llegaría a Los Ángeles, y sería instalado en un apartamento con piano y frigorífico en el hotel Sunset-Marquis.

Claus Ogerman lo veía diariamente y los dos acordaban, ajustando con precisión de experto relojero, los delicados engranajes de los clásicos “Garota de Ipanema”, “Dindi”, “Corcovado”, “Meditação”, “Inútil paisagem”, “Insensatez” y “O amor em paz”.
Tres canciones americanas serían incluidas en el programa, después de pasarlas por la malla superfina del filtro de la Bossa Nova. El trabajo con Ogerman no duró mucho tiempo, siendo además ambos conscientes, de que todo sería resuelto por Sinatra en el mismo Estudio, en la hora de la verdad.

El 25 de Enero, Tom Jobim cumpliría 40 años. Que gran regalo, el poder tocar con Sinatra.

Treinta años atrás, su padrasto alquilaba un piano para que su hermana Helena estudiara en él. El piano viejo, feo y destartalado, fue instalado en el garaje de su casa en Ipanema.
A Helena no le interesaba mucho el asunto, pero a él sí. Podía contabilizar miles de horas de estudio, otras tantas recorriendo toda clase de boates e "inferninhos" en Rio de Janeiro (algunos horribles), y todavía podía sumar otras tantas en los Estudios de grabación.
Las cosas habían mejorado mucho. Sus teclados eran ahora impecables y relucientes, y lo que era lo más importante: Con todas las notas en su sitio.
Y allí estaba él, en Los Ángeles, en aquella habitación del hotel, en vísperas de tocar para Francis Albert Sinatra.

El productor Sonny Burke, le llamó para decirle que comenzarían a grabar el día 30. Ya había fecha concreta.

Todo había comenzado como si se estuvieran desarrollando los Campeonatos del Mundo de Delicadeza y Suavidad, las canciones estaban compuestas en su mayoría por Antônio Carlos Jobim.
Melodías dulces, llenas de sensibilidad y ternura.
Tanto, que parece que cualquiera de éstas canciones, se pondría a llorar en cualquier momento si no se la trata con el suficiente cariño y mimo.
Poner un par de trompetas en un arreglo para una de estas canciones, es tan criminal como lavar la mejor cristalería de Bohemia, dentro de una mezcladora de cemento...
Parece como si todos se esforzaran en ser más silencioso que el vecino, en conseguir más silencio que los demás. Hoy los decibelios son considerados como armas peligrosas.
El arreglista, escribe una música que “anda de puntillas”, eliminando algo de percusión aquí, un ruidito allí, y en definitiva, suprimiendo cualquier sonido seco que pudiera destacar en alguna canción... Está trabajando como un gusano de seda.




Después de interpretar “Dindi”, Sinatra dice en tono bromista: “No he cantado así de suave, desde que tuve aquella laringitis”.
Canta de una manera tan dulce, que si intentara cantar todavía más tenue, tendría que hacerlo acostado.
Sinatra estaba "cantando baixinho", como la Bossa Nova exigía.

Según el diario de grabación, horas antes, Sinatra y cía. llegaron al Estudio Uno de la Warner, en Sunset Strip. Poca gente anda por ahí, a excepción de un par de policías.
Sinatra ha llegado media hora antes de lo previsto. Lo nunca visto.
Se pone a ensayar la melodía de las nuevas canciones. Silbando suavemente, eliminando asperezas.
La cabina de control empieza a llenarse de gente. Gemelos de oro, uñas postizas Revlon, corbatas de Countess Mara.
Afuera, al otro lado de los dobles cristales de la ventana, músicos con estuches de violín negros, entran en el estudio con circunspección, comentando el tiempo que hace en Boston, la última del Gobernador de Berkeley, cualquier cosa menos “pizzicato”.
Había una lista en la puerta con el nombre de las personas que tenían permitida la entrada. Sinatra preguntó por todo un grupo de personajes con gorras de propietario de yate y bigotes grises, que estaban a lo largo de la pared del Estudio.
Fue informado de que se trataba de brasileños que acompañaban al presidente de la Grabadora, Mick Martrand.
Sinatra los fusiló con una mirada.
Uno de éstos brasileños, era Aloysio de Oliveira.
Habían tenido suerte !!
Como se acostumbraba a decir, no es que Sinatra viviera cercado por "yesmen", porque cuando Sinatra dice no, todos dicen no.


Según cuenta el propio Aloysio de Oliveira cuando recuerda lo sucedido en aquella grabación histórica: “Absolutamente todo y todos estábamos bajo la personalidad de Sinatra”.

Bueno, todos excepto el batería Dom-Um Romão, que daba la impresión de que a la más mínima subida de tono de Sinatra o de alguno de sus técnicos, abandonaría la grabación con un gesto de corte de mangas, por ejemplo.

Tengo que decir, que salvo ésta excepción, también estábamos todos muy nerviosos y excitados por el acontecimiento. Curiosamente Tom no estaba tan alterado: Al fin y al cabo, él ya había grabado muchas veces con João Gilberto.

Y entonces, casualmente a las ocho de la noche, exactamente a las ocho, Sinatra se vuelve hacia el director de orquesta y le dice : “Bueno, probamos una, Eh?”.
Así de primeras, se diría que la cosa no arrancaba del todo bien. Sinatra está en todo. “Vamos a ver..., darme un LA, Eh?”, y da la señal con un chasquido de dedos.
El LA pasa rápidamente de una sección a otra: del piano a la cuerda y de la cuerda a la madera.
Tocan la canción una vez. Entonces..., descanso. Interminable.
Igual que a la espera de un veredicto. El arreglista y el director de orquesta, preocupados, miran hacia Sinatra. “Tempo?”. “No, el tempo está bien. Es la única manera de hacerlo. Hay que atenerse a él”.

Sinatra habla con plena seguridad: Sólo hay un tempo para esta canción; cualquier otro no sería el indicado para el caso.
Un ensayo más, con el fin de limar unas cuantas asperezas más.
El mismo Sinatra al llegar a la parte difícil del puente, se para en seco. Silencio. Mira a su alrededor. Se señala con el dedo como culpable. “Esto era un viejo Chesterfield que ha vuelto a las andadas..., igual que en 1947...”

Siguiente toma de sonido. Pobres de los que tienen que soplar en su instrumento. Empieza la grabación, no pasan dos minutos, y un trombonista dejó la vara de su instrumento deslizarse unos milímetros fuera del compás, y Sinatra se dio cuenta.
Evidentemente fue él. Le es imposible mirar hacia otro trombonista; él es el único del Estudio. Así que se queda ahí sentado, con una boina de fieltro colocada en la campana del trombón para que el sonido salga más amortiguado. El pobre trombonista lo acepta.
Sinatra le mira. “No te esfuerces...”, dice.
El trombonista intenta bromear: “Si soplo más suave, el aire acabará saliéndome por la nuca”.


Cerca de Jobim, está su batería personal, un brasileño que parece estar simultáneamente despierto y adormilado.
Vino especialmente en avión a Hollywood para esta sesión, pero no desde Rio, sino de Chicago.
Su nombre es Dom-Um Romão; parece un vendedor de alfombras persas. Entre una toma de sonido y otra, se cruza de brazos. Mientras todo el mundo está pendiente de las observaciones del director para mejorar la próxima toma, él está seguro de que su “feeling” ha sido perfecto. Está en lo cierto.

Dom-Um-Romão, Tom & Sinatra



Contrastando con la tranquilidad de este músico, está el director.
Es el alemán Claus Ogerman, con su jersey de cardigan azul abrochado hasta arriba, almidonado de los pies a la cabeza.
El acento, energía y la forma de construir sus frases típicamente germánicas no le han abandonado...
Sigue la actividad en el Estudio, el productor Sonny Burke, cuyas canas se pasean de un lado a otro, arreglando detalles de última hora en los números, dispuesto a levantar diques de silencio contra cualquier marea de ruido.
Al otro lado, está Ray Gilbert, productor de Jobim, hablando en voz baja con él en portugués.

En el número siguiente, Jobim va a cantar a dúo con Sinatra.
Jobim (Sinatra le ha puesto el mote de “Tone” = Tono), se inclina hacia su micrófono.
Despeinado, con la boca moviéndose con precisión, articulando cada letra, abriendo y cerrando los labios con la perfección con la que usted firmaría un cheque a su favor por importe de 100.000 $.
Este hombre-adolescente, delgado y soñador, habla despacio en medio de un mundo que va demasiado deprisa.
Tom no se altera lo más mínimo por el clamor humano; los murmullos de su propio corazón le emocionan más.
La última nota de la canción. Todos quietos hasta que los platillos han dejado de vibrar. Inmóviles todos como estatuas.
Sólo Sinatra, insaciable, curioso e impaciente como un niño, no puede esperar.
Esta toma le ha gustado. Se inclina hacia delante, mirando hacia el interior de la sala de control, con mirada interrogante hacia los ingenieros de sonido, como desafiándolos a que pongan alguna pega...
Algunos levantan su dedo pulgar hacia arriba, otros inician una leve sonrisa.
No hay pegas.
“Esto, dice Sinatra, esto es lo que tiene que ser el disco”.

Los que le conocen, comentan que pocas veces le han visto tan ilusionado y apasionado con algún proyecto musical, independientemente de su envergadura.


Durante la escucha de los play-backs, Sinatra se apoya sobre la tarima del director.
Desde el control, sólo vemos los puños blancos de su camisa y su frente, cuyas arrugas muestran preocupación. La preocupación en persona...
Parece como si estuviéramos en la última secuencia del rodaje de la película “El parto más difícil”...

Los demás le rodean y escuchan también. Los hombres no lloran, pero algunos ponen caras de una concentración tal, que resultan cómicas.
Escuchan intensamente, como intentando descubrir tesoros escondidos por detrás de unas voces que murmuran.
Terminó.
Sinatra vuelve a su sitio. “El número siguiente”...

Los demás, hablando a medias, sonriendo a medias, silenciosos a medias, no consiguen encontrar una frase que consiga describir su entusiasmo en términos definitivos.
Excepto Jobim.

Se acerca a Sinatra, con esa forma de andar tan personal, como si tuviera un chicle de menta pegado a uno de sus zapatos.
Pone su brazo encima del hombro de Sinatra, y dándole un fuerte apretón, le dice: “Esto es Bossa Nova”.
Ambos sonríen.
Jobim se vuelve para mirar a los que les rodean.
Su cara se ilumina, triunfante...
Está orgulloso de su cantante!





Curiosamente, la última grabación que realizó Antônio Carlos Jobim pocos meses antes de morir, fue para el disco Duets II de Frank Sinatra.
El tema es “Fly to the Moon”.





Tom, lo grabó en las peores condiciones físicas, pero puede que así pensara que era una forma de devolverle el favor que le hizo Frank Sinatra, cuando un día le llamó por teléfono allá a mediados de los 60, al entonces Café Veloso (Hoy Garota de Ipanema) de Rio de Janeiro, para proponerle trabajar juntos en un disco, que como ya sucedió con el LP Getz/Gilberto unos años antes, este vinilo es considerado una "Masterpiece" por todos aficionados a la Música Brasileña y el Jazz.
A partir de ahí, la carrera musical de Jobim, fue imparable, convirtiéndose en uno de los compositores más importantes del Siglo XX.


“Estoy profundamente afectado y triste por la muerte de mi amigo Tom Jobim.
Mi experiencia con él fue tan gratificante y creativa, como la cantidad de horas que pasamos conversando y reflexionando por las noches.
El mundo perdió a uno de los más talentosos músicos, y yo, perdí a un amigo maravilloso...
Es difícil comenzar a hablar, por donde empezar, recuerdo un Show que grabamos juntos para la TV, fantástico, superpremiado..., hacer un disco con él, grabar aquellas canciones maravillosas, inmortales de Jobim, fue una de las cosas más emocionantes de mi vida...
Me gustaría que Tom volviera otra vez de gira, se sentara al piano, y compusiera más, porque sin su música, la gente, se queda medio huérfana, sin tener que cantar.”

Frank Sinatra (8 de Diciembre de 1994).



P.S.: De toda la discografía de Sinatra, este disco es el único que contiene en la portada su nombre completo / Dice la leyenda, que intuyendo la futura transcendencia del mismo, no quería pasar a la Historia de la Música, siendo menos que su compañero Antônio Carlos Jobim.

8 comentarios:

  1. Conozco y tengo los discos de este fenomenal duo; pero no conocía lo que nos has contado aquí.... ¡Te felicito por tu excelente trabajo amigo Carlos?

    ResponderEliminar
  2. Hace tiempo que cayó en mis manos una copia del diario de grabación de Estudio / También hay aportes independientes de toda la información que he venido recopilando para realizar un post completo en relación a Sinatra & Jobim.
    Me alegro que te guste / Abraços.

    ResponderEliminar
  3. Amigo Carlos,

    La lagrimita se me cae mientras leo tu post. Brillante, Carlos, absolutamente brillante.

    Muchas felicidades y gracias por este maravilloso regalo en visperas de Navidad.

    Un abrazo,
    Jordi

    ResponderEliminar
  4. Gracias Jordi, es una alegría comprobar que amigos de otros Blogs importantes como el tuyo de Música para Gatos, se sintonizan con el estilo de Bossa Nova Clube.
    Abraços cariocas.

    ResponderEliminar
  5. Carlos, adorei o seu blog. Parabéns! Lindo demais e muito rico em informações. Um abraço.

    ResponderEliminar
  6. Mª Silvia, muito obrigado pelos teus comentarios & elogios...! Abraços.

    ResponderEliminar
  7. Excelente Carlos, éste tu post sobre Frank y Tom. mis felicitaciones! Tengo el disco y lo disfruto, en especial Meditation y How Insensitive. Hoy larga vida a "la voz" y porque también a uno de los creadores de la Bossa..Saludos!

    ResponderEliminar
  8. ALBINO_RED, gracias x tus comentarios...!
    Como en la vida, la historia de la música está marcada por "grandes encuentros"...!
    Después de este fantástico disco de SINATRA/JOBIM, al igual que sucedió con el LP GETZ/GILBERTO (1963), la Bossa Nova ya no fué la misma...!
    Abraços desde Rio de Janeiro...!

    ResponderEliminar

Comentarios y/o sugerencias